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María Herminia Rodríguez, la maestra boyacense que lleva 70 años preparando chicha para que la tradición no se pierda.

Desde los 7 años aprendió de su mamá y abuelos el arte de preparar la bebida ancestral. Hoy, desde Tuta, preserva una receta que se remonta al tiempo de los muiscas y que el Ministerio de Cultura documenta en su serie "Sabor, Saber y Memoria".

"Que el cielo se vaya a perder... decía mi papá que se cae un santo del cielo menos que se pierda la chicha". Con esas palabras, María Herminia Rodríguez resume el compromiso de toda una vida dedicada a preservar una de las bebidas más emblemáticas del altiplano cundiboyacense.


Nacida en Tuta, Boyacá, esta maestra ancestral comenzó a preparar chicha a los 7 años, cuando ayudó a su madre a batir la bebida para celebrar su primera comunión. Desde entonces, la receta que heredó de sus abuelos y de una prima de Sotaquirá se ha mantenido viva en sus manos durante más de siete décadas.

Del diente a la piedra, de la piedra al molino

María Herminia recuerda cómo la técnica ha evolucionado sin perder su esencia. "Eso fue en el tiempo de los muiscas. Los ponían a masticar el maíz y a escupir y hacían con eso la chicha", relata. En su juventud, cuando aún no había molino, el maíz se procesaba en piedra. "Ya empezó a salir el molino, entonces ya no hubo necesidad de masticar", cuenta con una sonrisa.


El proceso que ella domina comienza en marzo con la siembra del maíz. Después viene la desyerba, la aporca, y en diciembre la cosecha. El maíz se seca al sol, se muele y se cocina durante horas, revolviéndolo constantemente para que no se pegue. "Si llega a pegarse, no sirve la chicha", advierte.

Los secretos de la maestra

El maíz porva es el mejor, asegura. Se endulza con miel de caña, se le agrega agua y se deja fermentar. ¿Cómo saber si va bien? "Si le está haciendo ojitos, ahí va bien. Si está quietica, le falta miel, le falta algo... hay que reanimarle", explica con el conocimiento de quien lleva toda la vida observando el proceso.


Además de la chicha tradicional de maíz, María Herminia ha preparado variedades de feijoa, quinua, harina de trigo, zanahoria y arracacha. "Según qué chicha quiere mi familia", dice, porque para ella esta bebida sigue siendo lo que siempre fue: algo familiar, presente en cumpleaños, fiestas de San Pedro y toda ocasión especial.

Patrimonio vivo

"Yo me considero una maestra de la chicha", afirma con orgullo. Para ella, preparar esta bebida es recordar a sus abuelos y antepasados, y asegurarse de que una tradición natural no se pierda.


Su historia hace parte del tercer capítulo de "Sabor, Saber y Memoria", serie web del Ministerio de Cultura que documenta las cocinas tradicionales colombianas como patrimonio inmaterial de la nación, en el marco del programa Cocinas para la Paz.


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@mincultura X (formerly Twitter) x.com 14 dic. 2025

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Este artículo fue desarrollado con asistencia de inteligencia artificial (Claude (Anthropic)) para redacción de borrador. El contenido ha sido revisado y verificado por el autor.

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